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¿Quiénes son y cómo compran los COLECCIONISTAS de arte contemporáneo?

Hemos hablado con coleccionistas de arte para que nos cuenten cómo adquieren sus obras, por qué están enganchados al contemporáneo y por qué todos deberíamos estarlo. ¿Quieres convertirte en uno de ellos?

Por Ianko López fuente revistaad.es

Cuando se piensa en un coleccionista de arte, los tópicos apuntan hacia altas finanzas, suntuosas mansiones y vidas más que desahogadas, pero la realidad a menudo no es así: aunque el (buen) arte no es, desde luego, una afición barata, hay profesionales y otros componentes de los niveles socioeconómicos medio y medio-alto que al establecer sus prioridades de gasto eligen antes acercarse a una galería antes que a comprar un artículo de lujo. Este mes, comienza la nueva temporada del arte contemporáneo, que fija su línea de salida en tres grandes eventos organizados por las galerías de las principales ciudades: Apertura Madrid (del día 13 al 16), Abierto Valencia (días 21 y 22) y Barcelona Gallery Weekend (del 26 al 30). España no es una de las grandes potencias del mercado del arte, pastel cuyo 80% se reparten cada año los Estados Unidos, Reino Unido y China. Con unos 385 millones de euros en ventas en 2016 –según el informe El mercado español del arte en 2017, realizado por la Dra. Claire McAndrew y publicado por la Fundación la Caixa–, su volumen representa aproximadamente el 1% mundial. En un mercado tan reducido, los pocos compradores que existen son un mirlo blanco para galerías y dealers, que deben enfocar sus esfuerzos a fidelizarlos y ampliar su base. De hecho, según una encuesta realizada durante la elaboración de este mismo informe y dirigida a los galeristas, estos identificaron como principal desafío el de encontrar nuevos coleccionistas (así lo aseguraba un 77% de los encuestados). Como media, y siempre basándonos en esta encuesta, un 40% de sus ventas provino de clientes que compraron por primera vez. Otro dato determinante que revelaba el informe es que en España el mayor segmento de transacciones fue el de obras con precios entre 1.000 $ y 5.000 $, un 36% de las ventas totales. Lo que nos lleva a dos conclusiones importantes: la primera, que es en gran medida de los pequeños y medianos coleccionistas de los que se sustenta el mercado del arte en nuestro país; y la segunda, que, si desean sobrevivir, las galerías deben dirigir sus esfuerzos a crear nuevo coleccionismo.En los últimos tiempos hemos asistido a interesantes iniciativas para promover la compra de arte entre coleccionistas jóvenes o no iniciados. En su última edición, ARCOmadrid ensayó el programa #mecomprounaobra, por el que distintas personalidades no necesariamente vinculadas al mundo el arte elegían y compartían en sus redes sociales piezas de precios no superiores a 2.018 euros. Y durante la feria JustMAD, la Fundación Pilar Citoler otorgaba a un joven coleccionista un premio destinado a la adquisición de obra: la ganadora fue Fuensanta Casanova por la compra de Lugar de ausencia, obra de la artista Eva Díez.

Pilar Citoler. © Uxío da Vila

Si hablamos de pioneros en el coleccionismo de arte contemporáneo en nuestro país no puede evitarse la referencia a, precisamente, Pilar Citoler (Zaragoza, 1937). Dedicada profesionalmente a la odontología, inició su colección a principios de los años 70 con un óleo del pintor onubense José Caballero adquirido en la mítica galería de Juana Mordó. Desde entonces no ha interrumpido sus adquisiciones, incluso después de que, habiendo donado la mayor parte de sus obras al Museo Pablo Serrano de Zaragoza, teóricamente su Colección Circa XX se considerara completa: una visita a su consulta del barrio de Chamberí supone toparse con decenas de piezas –muchas aún sin desembalar– de la Nueva Colección Pilar Citoler. “Coleccionar es absolutamente una adicción”, reconoce. “Hay gente que se compra media docena de cuadros y ahí se para porque lo único que quería era decorar su casa, pero en mis conversaciones con otros aficionados he concluido que el coleccionista de verdad es un adicto porque esto es algo que llena tu vida”.

© Cortesía de Asier Tapia

El diseñador de moda Asier Tapia (Bilbao, 1972), director creativo de la marca TCN, utiliza directamente la palabra “enganche” para hablar de esta afición. Residente en Barcelona, su colección incluye obras de Asier Mendizábal, Lara Almarcegui, Ignasi Aballí, Dora García o Joana Vasconcelos. Se reconoce coleccionista “desde niño”, cuando acumulaba muñecos antiguos, aunque en el arte se inició hace dos décadas con obra gráfica procedente de la venta de stock de una galería. “Pero la primera vez que compré una obra conscientemente fue una escultura de Blanca Muñoz; después de una inauguración, la directora de ventas de la Marlborough de Madrid me mostró en el almacén una pieza que podía permitirme y me la llevé”. A partir de entonces Tapia ha ido aquilatando su metodología, basada en conocer exhaustivamente la carrera y la evolución de los artistas que incorpora a su colección. “Mis galerías de referencia son ProjecteSDEstrany de la Mota y Àngels, todas en Barcelona, pero también he comprado en otras como ADNCarrerasMugica o Juana de Aizpuru, por ejemplo. En su formación como coleccionista destaca especialmente el papel de las galerías: “Un buen galerista te puede hacer amar y comprender la obra de un artista que a lo mejor antes no entendías. En mi caso, muchos galeristas saben perfectamente que por mi nivel de gasto yo no les voy a sacar de pobres, pero también saben cómo me emociono y disfruto con esto, y pueden pasarse horas charlando conmigo, o enviarme información de obras a veces carísimas que no podré permitirme”. En los últimos tiempos adquiere una media de siete obras anuales y, aunque no se encuentra cómodo hablando de precios (“todo lo que tengo me lo gasto en esto”), sí encuentra revelador que “cuando empecé compraba cosas de mil y pico euros, que ya me parecía un dinero, y después inevitablemente fui subiendo el listón sin darme cuenta”. A través del microcosmos cerrado de las inauguraciones y cenas de coleccionistas ha entrado en contacto con otros de su especie, pero asegura que “mis amigos cercanos no coleccionan, y muchos de ellos piensan que estoy colgado”. No plantea la construcción de su colección según una determinada estrategia (“el mero hecho de poner un nombre a tu colección es algo que me horroriza, me parece tan pretencioso”), sino que va siguiendo el hilo inconsciente de sus gustos personales, manteniendo cierta tendencia a lo conceptual.

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